[Novedad] En “Tengo a papá”, las últimas horas del Che, el periodista de investigación J. J. Benítez desvela por fin todos los misterios que rodearon a la ejecución del Che

“TENGO A PAPÁ”

Las últimas horas del Che

Autor: J. J. Benítez 

Editorial: Planeta

A la venta 7 de septiembre de 2017

Nº páginas: 256  –  PVP: 20,00€

Tapa dura Digital

 

Nadie lo esperaba. Es su obra más atrevida. Juan José Benítez sorprende a propios y extraños con un libro sobre la últimas horas del Che. Había mil temas, mil posibilidades, mil apuestas… Todos han perdido, pero ha ganado el periodismo y la verdad.  Sólo él se podía atrever a escribir lo que ha averiguado sobre uno de los personajes más queridos y odiados de la historia.

Y, como siempre, J. J. Benítez destruye mitos.

Nada de lo que se creía es como es.

Hay que despojarse de creencias. Hay que estar dispuesto a tener la mente abierta y a leer aquello que no está planeado. Los defensores del Che Guevara podrán enseñar y hondear Tengo a papá, un libro que muestra la crudeza lo ocurrido pero que jamás toma partido. Es un libro demoledor, pero sin calificativos. Se pueden dar todos, pero J. J. Benítez deja que sea el lector quien juzgue. Sus enemigos también hondear esa bandera contra el Che.

Unos y otros encontrarán en el libro argumentos para sostener sus ideas, pero sólo lo hará con orgullo quien esté dispuesto a conocer una historia verdaderamente sobrecogedora que empezó cuando en diciembre de 2011 J. J. Benítez localiza en Estados Unidos a un exagente de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) al que la obra llama Mendi: “La información proporcionada por Mendi me interesó vivamente: en 1967 fue testigo de excepción de la muerte del Che Guevara en una aldea del sureste de Bolivia”.

A partir de esa entrevista, el periodista –más periodista, reportero e investigador que nunca- se dedicó a reconstruir los pasos de uno de los personajes más emblemáticos y desconocidos del siglo XX. “El instinto no me engañó. Los hechos son más dramáticos de lo que contó en su momento”, concluye.

La búsqueda de Benítez en sus decenas de viajes a Bolivia convirtieron a este país en su segunda casa durante un largo tiempo. Localizó el testimonio de uno de los guerrilleros que acompañó al Che hasta muerte y a oficiales del ejército boliviano que participaron en la captura del más buscado de los hombres. Se trata de una historia de traiciones y de locura que llevaron al Che y a sus hombres a un final que muchos deseaban: matarlo. Cuando lo capturaron, uno de los oficiales que atrapó al guerrillero dijo: “Tengo a papá”. De ahí el título…

Entre sus “amigos” estaban sus enemigos…

Y sus enemigos dieron la orden, también en clave: “Fernando 700”. Es decir: asesinar al preso. Ese preso era el Che. Horas después, las autoridades emitieron una nota en donde decían que murió en combate.

Otra mentira: la realidad es que lo ejecutaron.

Las librerías temblarán a partir del 7 de septiembre. Ese día J. J. Benítez habrá cumplido 71 años y faltarán pocas semanas para que se cumplan los 50 años de la eliminación del Che. Y ese día aparece la obra que más y mejor cuenta, con testimonios de primera mano, cómo fue el fin del Che.

Periodista, investigador y escritor

UNA VIDA TRAS LA VERDAD

Ha pasado casi medio siglo de aquello. Algunas informaciones aseguraban los restos de Hitler se encontraban enterrados cerca de Berlín. Otro hubiera cogido aquel teletipo y, sin más, sin levantarse de su asiento, lo hubiera repicado.

 Así funciona el periodismo… Pero él no. Por entonces ya era el hombre tenaz que tenía que tocar con sus propias manos las pruebas. Hizo lo que nadie hizo y se fue a Alemania. Cogió pico y pala y se puso a cavar en el lugar que algunos señalaban que se encontraban los restos de tan siniestro personaje.

Evidentemente, no estaba allí, pero sólo él decidió ir hasta el lugar y comprobarlo. Así es J. J. Benítez: un reportero de los de siempre, armado por una infinita curiosidad y dispuesto a todo.

En este libro lo demuestra una vez más. Acaba de escribir una de las mayores aportaciones que jamás se han hecho al periodismo.

Ha recorrido millones de kilómetros, ha dado la vuelta al mundo decenas de veces. Según su cuenta unas 100 veces. Ha viajado por dentro y por fuerza. Sigue escribiendo las cartas a mano y mientras existan los buzones seguirá dejando en ellos su contenido, sólo paga a personas –nada de hacerlo a máquinas-, la máquina de escribir es su aliada, se sigue levantando con los primeros rayos del sol, escribe hasta desfallecer –pensando mucho lo que escribe, porque sabe que si se equivoca hay que destruir lo hecho… ¡Ah! Y sólo lo hace con papel que le regalan: es una manía pero así los libros salen mejor- y después da un paseo por la mar, a la que contempla con devoción y sin la que no puede vivir. Todo esto, por supuesto, cuando no viaja.

Muy amigo de sus amigos, hombre de largos silencios, de palabras que llegan al alma, un maestro para muchos, un ejemplo de vida… “Eso sí: hay que soñar hasta donde llega tu sombra”, asegura, aunque tiene muy claro que vive más el que sueña, y si sueña despierto, mejor. Y es que sin su realismo no se habría convertido en uno de los autores más leídos, seguidos y admirados de la lengua castellana.

Pasó sus primeros años en La Verdad de Murcia, El Heraldo de Aragón de Zaragoza o La Gaceta del Norte de Bilbao. Pronto sus compañeros supieron que era un tigre de Bengala. Es una leyenda entre ellos. Todos los días llegaba a la redacción con la esperanza de descubrir lo que pocos descubren. Y confiaban en él para conseguirlo. No es casualidad: el rigor y el tesón ha sido su bandera.

Años después, dejó el periodismo de redacción para dedicarse a escribir reportajes en forma de libro. Ha escrito casi 70 obras. A comienzos de los años 80 del pasado siglo fichó por la editorial Planeta. Desde siempre le llamaron la atención los personajes malditos. Obras como Caballo de Troya, La rebelión de Lucifer, Yo, Julio Verne o El Papa Rojo así lo demuestran. Ahora, con Tengo a papá ha escrito su libro más osado.

En todo el mundo ha habido reacciones y posturas tanto a favor como en contra cuando se ha sabido el tema del que versa su trabajo. Pocos libros han generado tanta expectación y sobre pocas obras se han dicho tantas cosas incluso antes de que se conozca su contenido.

Se acabó el debate. Aquí está el libro. Acaba de llegar la polémica. Posiblemente, la mayor que ha generado en su vida. Él se atrevió a escribirlo. Ahora hay que se valiente. Y leerlo.

El Che… Tres letras para tres mil preguntas

LAS REVELACIONES SOBRE EL LÍDER DE LA REVOLUCIÓN

¿Un loco? Para sus detractores, el Che Guevara era un enfermo psicópata. En algún momento de su vida llegó a sentirse el nuevo Simón Bolívar. En Tengo a papá, Benítez nos presenta a un personaje siniestro y sin sentimientos a la hora de ejecutar y fusilar, especialmente tras enfrentarse a las dificultades de la travesía en Bolivia. Parecía disfrutar con la muerte de sus enemigos… Pero sus hombres lo consideraban casi un dios y lo respetaban. Para ellos era un “idealista” destinado a llevar al mundo entero su revolución. Le amaban. Y le temían.

¿Cómo era el Che? Muy culto. Murió con 39 años, pero ya para entonces había leído 4.000 libros y había viajado por medio mundo bebiendo de la naturaleza del pueblo. Era, además, ególatra, malhumorado, despiadado, machista, ambicioso, caótico, sucio… Su “pasión” por fotografiarse no hizo más que dar pistas a sus enemigos. Muchos le hicieron caer en la trampa, pero él también cayó víctima de sus locuras.

¿Quién lo mató? Un amigo suyo lo metió en la selva de Bolivia, que se acabó por convertir en una ratonera. Ese amigo era Fidel Castro. Y no lo hizo con inocencia, sino que quería que se adentrara en esa trampa para que lo capturaran y lo mataran. Fue el ejército de Bolivia, que entonces estaba gobernada por un dictador, el que lo apresó. La CIA instruía a ese ejército y a otros que tenían a los revolucionarios entre sus objetivos. Y fueron agentes de la CIA los que fueron llamados para ejecutar al enemigo, al que agujerearon con 9 disparos de bala que afectaron a sus principales órganos vitales. Algunos quisieron cortarle la cabeza…

La selva… ¿un infierno verde? “Estábamos atrapados. No teníamos conexión con Cuba. Carecíamos del necesario apoyo exterior. No disponíamos de armas y tampoco de comida y medicamentos”, dice uno de sus compañeros, Roselló, en su diario, que expone el autor en este libro. Para él, no hay duda: “La inteligencia cubana lo engañó”.

¿Trataba mal a sus hombres? La selva agravó sus conductas enfermizas: “Una serie de contratiempos desbordaron la cólera del Che. Nos insultaba y por cualquier motivo. Su violencia verbal era tristísima”, dice en sus diarios. “Éste no es el Che que conocí en Sierra Maestra”.

Un camino sin retorno. La lucha de los revolucionarios en Sierra Maestra (Cuba) empezó con el viaje en el barco Gramma de tan sólo unos pocos, pero en la isla encontraron el apoyo que necesitaban para acorralar a los hombres del dictador Batista. En Bolivia las cosas no fueron igual, pese a la alocada postura del Che, que apenas unos años antes había sido enviado para liderar una guerrilla en el Congo. Uno a uno le arrancaron 25.000 cabellos para parecer calvo… El relato del “viaje” a través de la selva boliviana es angustioso, terrible, sobrecogedor.

El relato que hace Benítez en su libro es un perfecto reflejo de las cotas terribles que alcanzó: “Nadie se atreve a hablar con el Che. Seguimos perdidos, sin agua y sin comida… La debilidad de los hombres es tan extrema que no tenemos más remedio que matar un caballo. Nos hemos comido la mitad”, escribe uno de los barbudos en su diario. Eran miles de hombres contra una guerrilla de unos pocos. Y al frente de esos pocos se encontraba alguien que necesitaba un “loquero”.

La Tercera Guerra Mundial. Cuba fue sólo un episodio. La guerra en Sierra Maestra fue para el guerrillero argentino un capítulo de una misión global: llevar la revolución a todo el mundo, empezando por América, que en su fantasía se iba a convertir en un nuevo Vietnam para los estadounidenses. Bolivia, Argentina, Venezuela, Perú… Todo el continente se iba a convertir en una ratonera para los imperialistas. Aquello supondría la Tercera Guerra Mundial.

 Para el Che, el “nuevo hombre socialista” nacería a partir de ahí, mientras que criticaba la postura cobarde de Cuba, país al que acusaba de entrar en la órbita de Rusia, por la que no mostraba excesiva admiración. Por cierto, en Tengo a papá se explica cómo fueron los anticastristas los que mataron a Kennedy. No soportaron que pudiera haber un acercamiento a Fidel. Y, para evitarlo, acabaron con él.

La CIA, ¿fue tras él? “Fui agente de la CIA. Soy cubano. Cuando era un niño tuve que abandonar Cuba, mi hogar. Fidel Castro y los suyos nos expropiaron. Nos robaron. Después me hice ciudadano norteamericano y serví en el ejército de aquel país. Mi objetivo en la vida era luchar contra la revolución comunista de Fidel. No tarde en contactar con la CIA y empecé a trabajar para ella… La CIA me informó de lo siguiente: habían descubierto que el Che estaba en Bolivia, envuelto en otra guerra de guerrillas. Me propusieron viajar allí Bolivia y localizarlo”, dice Mendi.

Camino de La Higuera. El 26 de septiembre de 1967, el Che llegó con sus barbudos a La Higuera. “Se trata de un pueblo perdido”, dice el libro. Ahí fue apresado en una emboscada del ejército de Bolivia unos días después. Fue encerrado en una habitación de una escuela. Ahí lo mataron el 9 de octubre. En ese momento acabó el hombre y empezó el mito. 

Información proporcionada por la editorial

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