{Reseña Literaria} Gin Fizz de Jane Kelder

15/03/2019

Una deliciosa comedia burbujeante con mucho swing y más amor.
Nueva York, 1953. Liv Joyner y Oscar Hancock compiten por el proyecto de la remodelación interior del hotel Edén de Manhattan. Un proyecto que a Liv la consolidaría como decoradora y por el que Hancock estaría dispuesto a hacer cualquier cosa.
Cuando la dueña del hotel, Heidy Brinicombe, se decide por el de su más odiado competidor, sin siquiera haber tenido ocasión de presentar sus ideas, Liv comienza a sospechar que Hancock consigue los clientes más interesantes con malas artes, así que decide contratar a Jack Bradley, un detective privado, para que lo investigue.
Lo que ella no sabe es que, por una casualidad, Hancock logra suplantar a Bradley. Y es que, lo que realmente quiere Oscar es averiguar la identidad del artista que pinta los cuadros del diseño de Olivia, porque la señora Brinicombe se ha enamorado de ellos. Hasta el momento, solo conoce sus iniciales, G.F., o, como han decidido llamarlo en su oficina: Gin Fizz.

Tengo que reconocer que soy una enamorada de las comedias románticas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta. ¿Que por qué digo esto? Porque Gin Fizz me ha recordado a esas películas que veía cuando era pequeña. Si la intención de la autora era justamente esto, que recordara a estas comedias donde el enredo primaba por encima de todo, lo ha conseguido.
Gin Fizz parte justamente de esto, de un malentendido. Liv y Oscar compiten por un proyecto de interiorismo del Eden hotel, en Long Island, cuya dueña busca renovar por completo el negocio familiar. Por una serie de circunstancias, la señora Brinicombe ofrece el proyecto a Oscar, aunque esta viuda habría preferido que hubiera sido Liv quien hiciera la reforma.
Y es aquí donde empieza el enredo de esta deliciosa comedia romántica. Liv contrata un detective para averiguar por qué Oscar consigue siempre sus proyectos y además sospecha que juega sucio. Pero Oscar se hace pasar por el detective que Liv contrata. Con lo que no contaba Oscar era con enamorarse de Liv, de su rival, una mujer que antepone su carrera profesional al amor y a tener una familia. Puede que esto no choque hoy en día, pero sí que llamaba la atención en los años sesenta, y más en una profesión donde el 99’9 de los interioristas eran hombres.
Tanto Liv como Oscar son dos personajes muy bien construidos. Sobre todo Liv, una mujer adelantada a su tiempo y que tiene muy claro qué es lo que quiere en la vida. Odia la mentira y va con la verdad por delante. Oscar-Jack es ese tipo de canalla que hace gracia, ese hombre que sabe de su atractivo con las mujeres y que se mete a los lectores poco a poco en el bolsillo. Sin embargo, con Liv tiene que ingeniárselas para enamorarla, porque desde el primer momento entiende que no es como las demás mujeres que ha conocido.
Esta novela no sería la misma sin los personajes secundarios, a cada cual más peculiar. Si me tengo que quedar con uno, sería con Gilda, la abuela de Liv, una mujer extravagante y que está encantada de haberse conocido. También nos encontramos con Harry, el ayudante de Oscar, un tipo que tiene manías y que se deja llevar por ellas. O Annie, la asistenta de Liv, una mujer chapada a la antigua que tiene miedo de usar una aspiradora, pero tiene un gran corazón. Y por último, está Prudence, la secretaria de Oscar, que posee unas grandes dotes interpretativas y no tiene reparo en engañar a la gente para que su jefe consiga sus objetivos.
Gin Fizz es una novela romántica blanca, o sea, no tiene escenas de sexo, pero esto no es motivo para que sea buena. A veces agradezco estas comedias ligeras para pasar el rato y que las autoras no metan según qué escenas porque toca. La autora se desenvuelve muy bien en este tipo de tramas de malentendidos, donde lo que prima es jugar a los equívocos.
¿Si me ha gustado? Mucho, y la recomiendo sin duda. Leer esta novela ha sido un soplo de aire fresco. Además, cuenta con unos diálogos bien construidos y con mucha chispa. Dadle una oportunidad porque se este libro lo merece. Una última cosa, la portada es una maravilla, muy del estilo de los anuncios de los años sesenta.

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